jueves, 20 de noviembre de 2008

No basta que mires, no basta que creas.

Por Valeria Tentoni
No basta que mires, no basta que creas.
Edgardo Scott
Editorial Universidad de La Plata
2008



Esta novela de Edgardo Scott (Lanús, 1978), fue prologada por Martín Kohan, quien ya nos advierte acerca de la bifurcación del relato, diciendo que el autor “ilumina cada mundo desde el otro”. Dos personajes; dos conflictos; la síntesis en el título, dando cuenta de ambos universos. Federico, un hombre que tiene la obsesión de perseguir mujeres para mirarlas, y luego intentar tocarlas –rozarlas, apenas-; y Mariana, una joven que comienza a conducirse conforme el horóscopo semanal le indique, inundada por un sentimiento de soledad inenarrable, que busca un eje en aquellas breves líneas que, a modo de directriz, parecen diagnosticarle el camino. La urgencia como elemento unificador en ambos personajes; la insistente puja de dos ánimos entristecidos, la latencia en la búsqueda, la perseverancia obstinada por caminos disímiles, hacia un encuentro. “Dicen que los que buscan matarse comienzan por no dormir” nos cuenta Federico desde su insomnio; “No apueste a que esta calma se mantenga mucho tiempo” le informa el horóscopo a Mariana.

Con un trazo limpio y dinámico, el autor navega la historia desde ese juego de voces, que por momentos dialogan y por momentos parecen hablarle al eco. Es en ese vacío tremendo que logra narrar con destreza, donde nada basta, nada alcanza, y sólo queda aquella urgencia como promesa de llegada, como motor vital.



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