jueves, 9 de abril de 2009

miércoles, 4 de marzo de 2009

RASCACIELOS, de Enrique Winter


Rascacielos
Enrique Winter
Literal, Colección Limón Partido
México 2008

Por Valeria Tentoni

Como si alcanzando el cielo, si el cielo fuese algo que finalmente se alzase sobre nosotros y bastase con acercarse, con apenas rozarlo desde un rascacielo para que exista, estos poemas crecen desde el asfalto y se abrazan a la altura, se tuercen en ella como trepadoras, se hacen de espirales y de giros, ocurren en esa altura, germinan. Enrique Winter, chileno, abogado, poeta, se convierte en alpinista de riesgo y escribe "Un muro es un muro aunque le pinten flores...". Y no se vale sólo de la palabra, de la magia precaria que propone una poesía -cualquier poesía-, sino que también se hace de la imagen; ya en el juego de la palabra en el espacio de la hoja, ya en los poemas visuales que completan la obra, o en las páginas que se despliegan porque no sería justo que se quiebre el poema, que se lo fraccione. Y en el rascacielos circulan personajes; Merlina, Lissette, las estudiantes de derecho, la Polaca, Jorge, el Marco con sus cumbias; y todos se conjugan como si cada poema fuese un ventanal, un piso trece omitido en la cuenta, un balcón desde el que los verbos se gritan entre sí, se aúllan. Las escaleras, compartidas e interminables, quizás sean más ágiles que los ascensores a la hora de leer este libro; porque vale aclarar que cada pieza tiene su tiempo, su meridiano, y si bien la hora se da, mansa, en todas las agujas del mundo, no es menos cierto que el tiempo sea una percepción privada.

Los elementos urbanos -bocinazos, el piso sucio, la luz prendida, un cassette, las sillas, las casas- parecen ser observados desde esa altura, desde la terraza en la que un suicida aún se estará decidiendo, y son poetizados con un cincelado casi, una modificación apenas, como si el poeta no quisiese hacer de los objetos más que objetos en una poesía, no permitiese que se le eche encima la poesía a las cosas, las tergiverse; porque basta que algo suceda, basta que algo esté sucediendo, -"...la verdad está sobrevalorada..."- para que los sensores hagan su tarea de metamorfosis, alcanza con nombrar el cielo, para hacerlo pequeño.

sábado, 20 de diciembre de 2008

La diversión de los amantes

por María Ximena Venturini

Dos días en Venecia
De Adrián Haidukowski
Colección extasy
Paradoxia Libros

Venecia se hunde, se muere, se pudre. Todo aquel que haya tenido el placer (porque de eso se trata) de perderse en su laberinto, entiende esa belleza única -mezcla de furiosa melancolía con decadencia-. No por nada es la ciudad natal de Giacomo Casanova, recordado amante pasional. El escritor, editor y guionista Adrián Haidukowski, autor de Met, el muerto (Sudamericana, 2001) relata con notable destreza una historia de sexo, amor (y claro, muerte) aprovechándose del ambiente onírico que traslada a su texto. Al igual que a Gustav von Aschenbach, perfecto personaje de Thomas Mann, los amantes de la historia también (se) liberan sus más oscuros deseos, llevados por el ambiente carnavalesco (luego de caer en brazos de la ciudad decadente, eligen hacer el amor con máscaras, remarcando el juego a ser otros). Varios personajes son los encargados de hacerlos caer en la tentación: una mujer rubia que ya despierta pasiones ocultas en Renata, un supuesto filósofo, los gondolieri Salvatore y Ricardo, un licor orgásmico, y por supuesto, Venecia. Pero lo más logrado de la nouvelle es, además del ya nombrado ambiente onírico, un ritmo que no para. El autor se sirve de distintas escenas que, siguiendo la mejor tradición erótica, descubren con sutileza los placeres de la carne, llevándonos (como en un orgasmo) cada vez más, al clímax de la historia. Partiendo desde aquel voyeur al cual Renata desea mostrarse desnuda, siguiendo con la hechicera escena de sexo oral en el baño, los gemidos de ella prisionera y por supuesto, la escena final: la masturbación sobre la máscara de la amada, hacen que también el lector acabe electrificado y temblando.

domingo, 14 de diciembre de 2008

Revista Sudestada-Noviembre 2008

Por María Ximena Venturini

Número 74
$6
Una casa vacía es el pasado
Donde mi voz resuena agigantada
Desde esta casa a veces he cantado
Tomando del amor la voz prestada

Alfredo Zitarrosa

La Revista Sudestada del mes de noviembre, a cargo de los editores Ignacio Portela, Walter Marini y Hugo Montero, es una vez más, un remolino de aire fresco. En este número, a veinte años de la primera edición de Por si el recuerdo, un desconocido Alfredo Zitarrosa se descubre. Un cuentista, un cronista, un locutor y un poeta se asoma mediante fotos inéditas y testimonios. Su biógrafo Guillermo Pellegrino, sus amigos Jaime Niski y Washington Benavidez y hasta la hermana del cantor, Cristina Zitarrosa, emocionan (y hasta hablan del exilio y de su infancia). Además una entrevista a Juan Carlos Gené, el actor y director, donde habla de su mirada sobre el teatro hoy, poesía de la mano de José Pedroni, un informe sobre el asesinato de Pocho Lepratti; y en la sección “Antihéroes” la historia de la argentina Mika Etchebéhére y la segunda parte del dossier “Por qué Stalin derrotó a Trostky”. Verdaderamente imperdible.

miércoles, 3 de diciembre de 2008

Quetros a la venta!!


debut de SONNOS y gran fiesta gran
- y toca NeNas de yapa-
veni a bailar y a buscar tu Quetrófila!!
)buscanos en una mesita(
entrada sin costo

MGO! Entrevista con el Murciélago

Por María Ximena Venturini
Me encanta eso de: “…donde no había nada, que haya algo…”
Juan Ignacio Bouscayrol es compositor, músico y el cantate de MGO. Trabajó en la masterización de Nuovo mondo, primer disco editado por Breakpoint Melodies (compilado del que formaron parte Altocamet, Delete, Leandro Fresco, entre otros). También compuso, produjo e interpretó la música de la película “Tan de repente” de Diego Lerman, ganadora del Festival de Cine Independiente de Bs. As 2002, película que después giró por Europa, donde ganó una mención en el Festival de Cannes. La misma se estrenó en Argentina exitosamente. De este film, el tema “Mónica”, fue incluido en el compilado "Musique & Cinéma du Monde", recientemente editado por el sello MK2 en Europa. Entre otros trabajos figuran la composición y producción del tema “Everything will be just fine” para la película “Un día de suerte” de Sandra Gugliotta; y el arreglo y producción del primer disco de Santiago del Moro que contó como colaborador a Leo García. También compuso y produjo, junto a Santiago Valiente Arrechea, la música del cortometraje “La Guerra de los Gimnasios” de Diego Lerman, que se presentó en el Festival de Cine Independiente de Buenos Aires, 2005. Junto a Leandro de Loredo, Juan compuso y produjo la cortina musical del programa televisivo Fútbol de Primera (ciclo 2005).
Su mas reciente trabajo fue la realización de la música del film “Mientras Tanto” de Diego Lerman. Actualmente, Juan es el musicalizador y sonidista del programa “El club de los famosos” (Canal 9).Juan ha trabajado también como editor y musicalizador de programas y separadores para Much Music y Ciudad Abierta (Canal oficial de la Ciudad de Buenos Aires); realizador de fillers para MTV latino; y realizador de clips para MGO y otros artistas independientes.

LQ: ¿Cómo definirías tu proceso de composición?
Lo definiría como la parte más espontánea de lo que hago. El sonido de la banda es algo que vamos buscando. No está librado al azar. Aún cuando todo sea un ruido caótico lo estamos haciendo muy a propósito. Pensado en el tiempo, las distintas formaciones de [mgo] respetan la misma premisa: temas caprichosos, sonido trabajado. Aunque ahora que lo estoy escribiendo, casi pensándolo en voz alta, puede que sea exactamente al revés. De todos modos no creo que mi modo de componer sea especial comparado con otros. Simplemente amo hacer música y la hago sin más.

LQ: ¿Qué te gusta más: interpretar, arreglar, producir o componer?
Creo que componer es lo que más me gusta. Me encanta eso de: “…donde no había nada, que haya algo…”. Esta idea es de un amigo del colegio conocido como Legor. Él decía que en definitiva el punto 0 era el mejor, porque estaba todo por hacerse y uno podía darle la forma que quisiera.
Aún así, la performace en vivo es genial. Mucha gente (en nuestro caso 5 personas) tocando un acorde buscando que esa armonía nos junte. Ni hablar cuando pinta el quilombo.
Pero tal vez sea algo fuera de las opciones de la pregunta lo que realmente me apasiona: grabar.

LQ: ¿En donde te gusta tocar?
Me gusta tocar en bares. Pero suele ser un problema el volumen. Mi lugar preferido es La Cigale. Un bar chico, con buena bebida, donde uno hace simplemente lo que hace… nadie se queja del volumen o de nimiedades que nada tienen que hacer a un evento cultural. Odio los pseudo-bares-musicales donde todo tiene que ser “unplugged” y el único objetivo es vender chupi a salames que tampoco van a escuchar música.
Antiguas Lunas es un lugarazo; lo mismo El Imaginario. Bah creo que estoy listando los únicos lugares donde nos dan bola. Los teatros son geniales para que el sonido sea exactamente el que uno quiere dar. Y los festivales son geniales para ver buenos grupos no solo sin pagar sino cobrando. Nosotros una vez tocamos en un festival BUE y en un escenario tocaba Masive Attack: LO MÁXIMO DE LO MÁXIMO! MARAVILLOSO!!! No sólo eso, sino que en nuestro escenario tocó GORDO LOCO TRIO. Pffff GENIAL! CÓMO SONARON! También tengo que decir que había un fangote de bandas horribles sonando, pero nada que no se pueda mutear con un par de whiskys.


LQ: Y tu música la escribís para….
Para los bafles, los cables, las consolas, mi Fender Strato cagadísima a palos y cada tanto algún oído.

LQ: ¿Qué criterio usan para elegir los covers?
No me gusta tocar covers aunque confieso que lo hago. Cuando lo hago suelo tocar lo que esté escuchando en ese momento. Hoy por hoy, Charly García

LQ: ¿Cómo llegaste a la composición actual de la banda?
Pablo era el tecladista de Los Profetas de Jamón. Bandaza de los ’90.
Andrés me invitó a tocar un tiempo la batería en Modelle Nude. Una de las mejores bandas que haya escuchado en Buenos Aires. Conte es un fantástico baterista de profesión. Vino a casa justo cuando necesitábamos un baterista y no se dudó. Y Coco… qué puedo decir de Coco. Lo de Coco lo cuento con una anécdota. Tenía 12 años. Era en Bahía Blanca. Mi hermano Luis era amigo de un fenómeno absoluto, Chetar Cocciarini. Chetar tenía una de las mejores bandas de todos los tiempos de Bahía Blanca: La Corchea Salvaje. La Corchea (junto a La Compañía Eléctrica, Los Disidentes, Escuela de Ballenas, La Industria Negra y especialmente Los Corleone) fué lo que nos hizo entender a todos que el mundo tiene las puertas abiertas. Luis me llevó a tomar la merienda a un ensayo de La Corchea y me dejó sólo para que curtiera rock.
Coco era el guitarrista. Say no more.

LQ: ¿ En qué instrumento te hallas más? ¿O en cuales?
Me hallo más en la guitarra. Soy un pianista frustrado y me fascinaría poder tocar como Oscar Alemán. Soy un estudiante vago. Nunca fui un buen instrumentista.

LQ: ¿Ídolos?¿Algún maestro en el que te inspires?
Primero la Sagrada Trinidad:
Lennon (internacional)
Charly (nacional)
Pedro Giorlandini (local)
Después el rock internetero del 2008. Especialmente Deerhunter. (y obviamente otros que no son interneteros... los Pixies, los Rolling Stones, PJ Harvey... no se. Imposible hacer un listado. Sólo puedo tirar nombres al azar. Todo lo que no sean los Guns 'n Roses, bah.)

Para escuchar: http://www.myspace.com/themgomethod

lunes, 24 de noviembre de 2008

Metano. Walter Iannelli


Metano
Walter Iannelli
Editorial Paradiso. 2008

Por Valeria Tentoni

Walter Iannelli, de 1962, narrador y poeta, nos trae en este, su último libro, diecisiete cuentos cortos. En clave realista, el autor pasea por diferentes ámbitos a sus personajes. Un fin de semana familiar en casa de un amigo, en donde se pone en jaque la noción misma de familia; una concatenación de estallidos a los ojos de un niño; una adolescente –Teresita- que perdura en la mujer de un amigo y no en la matrona con la que duerme Lucho; una pintora que mira el parque como una forma de “guardarlo a perpetuidad, sin dañarlo” en vez de dibujarlo; un cuento policial con dos muertos desde la óptica de un policía que “si pudiera, correría”; un tal Drode, escritor, como fantasma para la construcción de una imagen de literato fracasado; niños jugando a la trampa en la noche; un colectivo para dos; un fotógrafo amateur que deviene en testigo; lo occidental y lo oriental debatiéndose en el consultorio de un chino; la memoria muerta de un Tata; de nuevo un escritor, esta vez un crítico (casi la viceversa de aquel del cuento anterior, la revancha); un gol en el rincón de las ánimas; un círculo de sensualidades truncadas; un periplo feliz sólo para un niño.

Como eje de narración: el vínculo. Uno que va pasándose de historia a historia en formaciones dobles o familiares, desde la óptica ya del vencedor o del vencido, que siempre se abraza a ese elemento como a un péndulo; el de las relaciones entre sujetos.