Mostrando entradas con la etiqueta entrevista. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta entrevista. Mostrar todas las entradas

miércoles, 3 de diciembre de 2008

MGO! Entrevista con el Murciélago

Por María Ximena Venturini
Me encanta eso de: “…donde no había nada, que haya algo…”
Juan Ignacio Bouscayrol es compositor, músico y el cantate de MGO. Trabajó en la masterización de Nuovo mondo, primer disco editado por Breakpoint Melodies (compilado del que formaron parte Altocamet, Delete, Leandro Fresco, entre otros). También compuso, produjo e interpretó la música de la película “Tan de repente” de Diego Lerman, ganadora del Festival de Cine Independiente de Bs. As 2002, película que después giró por Europa, donde ganó una mención en el Festival de Cannes. La misma se estrenó en Argentina exitosamente. De este film, el tema “Mónica”, fue incluido en el compilado "Musique & Cinéma du Monde", recientemente editado por el sello MK2 en Europa. Entre otros trabajos figuran la composición y producción del tema “Everything will be just fine” para la película “Un día de suerte” de Sandra Gugliotta; y el arreglo y producción del primer disco de Santiago del Moro que contó como colaborador a Leo García. También compuso y produjo, junto a Santiago Valiente Arrechea, la música del cortometraje “La Guerra de los Gimnasios” de Diego Lerman, que se presentó en el Festival de Cine Independiente de Buenos Aires, 2005. Junto a Leandro de Loredo, Juan compuso y produjo la cortina musical del programa televisivo Fútbol de Primera (ciclo 2005).
Su mas reciente trabajo fue la realización de la música del film “Mientras Tanto” de Diego Lerman. Actualmente, Juan es el musicalizador y sonidista del programa “El club de los famosos” (Canal 9).Juan ha trabajado también como editor y musicalizador de programas y separadores para Much Music y Ciudad Abierta (Canal oficial de la Ciudad de Buenos Aires); realizador de fillers para MTV latino; y realizador de clips para MGO y otros artistas independientes.

LQ: ¿Cómo definirías tu proceso de composición?
Lo definiría como la parte más espontánea de lo que hago. El sonido de la banda es algo que vamos buscando. No está librado al azar. Aún cuando todo sea un ruido caótico lo estamos haciendo muy a propósito. Pensado en el tiempo, las distintas formaciones de [mgo] respetan la misma premisa: temas caprichosos, sonido trabajado. Aunque ahora que lo estoy escribiendo, casi pensándolo en voz alta, puede que sea exactamente al revés. De todos modos no creo que mi modo de componer sea especial comparado con otros. Simplemente amo hacer música y la hago sin más.

LQ: ¿Qué te gusta más: interpretar, arreglar, producir o componer?
Creo que componer es lo que más me gusta. Me encanta eso de: “…donde no había nada, que haya algo…”. Esta idea es de un amigo del colegio conocido como Legor. Él decía que en definitiva el punto 0 era el mejor, porque estaba todo por hacerse y uno podía darle la forma que quisiera.
Aún así, la performace en vivo es genial. Mucha gente (en nuestro caso 5 personas) tocando un acorde buscando que esa armonía nos junte. Ni hablar cuando pinta el quilombo.
Pero tal vez sea algo fuera de las opciones de la pregunta lo que realmente me apasiona: grabar.

LQ: ¿En donde te gusta tocar?
Me gusta tocar en bares. Pero suele ser un problema el volumen. Mi lugar preferido es La Cigale. Un bar chico, con buena bebida, donde uno hace simplemente lo que hace… nadie se queja del volumen o de nimiedades que nada tienen que hacer a un evento cultural. Odio los pseudo-bares-musicales donde todo tiene que ser “unplugged” y el único objetivo es vender chupi a salames que tampoco van a escuchar música.
Antiguas Lunas es un lugarazo; lo mismo El Imaginario. Bah creo que estoy listando los únicos lugares donde nos dan bola. Los teatros son geniales para que el sonido sea exactamente el que uno quiere dar. Y los festivales son geniales para ver buenos grupos no solo sin pagar sino cobrando. Nosotros una vez tocamos en un festival BUE y en un escenario tocaba Masive Attack: LO MÁXIMO DE LO MÁXIMO! MARAVILLOSO!!! No sólo eso, sino que en nuestro escenario tocó GORDO LOCO TRIO. Pffff GENIAL! CÓMO SONARON! También tengo que decir que había un fangote de bandas horribles sonando, pero nada que no se pueda mutear con un par de whiskys.


LQ: Y tu música la escribís para….
Para los bafles, los cables, las consolas, mi Fender Strato cagadísima a palos y cada tanto algún oído.

LQ: ¿Qué criterio usan para elegir los covers?
No me gusta tocar covers aunque confieso que lo hago. Cuando lo hago suelo tocar lo que esté escuchando en ese momento. Hoy por hoy, Charly García

LQ: ¿Cómo llegaste a la composición actual de la banda?
Pablo era el tecladista de Los Profetas de Jamón. Bandaza de los ’90.
Andrés me invitó a tocar un tiempo la batería en Modelle Nude. Una de las mejores bandas que haya escuchado en Buenos Aires. Conte es un fantástico baterista de profesión. Vino a casa justo cuando necesitábamos un baterista y no se dudó. Y Coco… qué puedo decir de Coco. Lo de Coco lo cuento con una anécdota. Tenía 12 años. Era en Bahía Blanca. Mi hermano Luis era amigo de un fenómeno absoluto, Chetar Cocciarini. Chetar tenía una de las mejores bandas de todos los tiempos de Bahía Blanca: La Corchea Salvaje. La Corchea (junto a La Compañía Eléctrica, Los Disidentes, Escuela de Ballenas, La Industria Negra y especialmente Los Corleone) fué lo que nos hizo entender a todos que el mundo tiene las puertas abiertas. Luis me llevó a tomar la merienda a un ensayo de La Corchea y me dejó sólo para que curtiera rock.
Coco era el guitarrista. Say no more.

LQ: ¿ En qué instrumento te hallas más? ¿O en cuales?
Me hallo más en la guitarra. Soy un pianista frustrado y me fascinaría poder tocar como Oscar Alemán. Soy un estudiante vago. Nunca fui un buen instrumentista.

LQ: ¿Ídolos?¿Algún maestro en el que te inspires?
Primero la Sagrada Trinidad:
Lennon (internacional)
Charly (nacional)
Pedro Giorlandini (local)
Después el rock internetero del 2008. Especialmente Deerhunter. (y obviamente otros que no son interneteros... los Pixies, los Rolling Stones, PJ Harvey... no se. Imposible hacer un listado. Sólo puedo tirar nombres al azar. Todo lo que no sean los Guns 'n Roses, bah.)

Para escuchar: http://www.myspace.com/themgomethod

lunes, 17 de noviembre de 2008

ENTREVEROS


ENTREVISTA A SUSANA CELLA

*Por Marian lutzky



La primera vez que la escuché, en uno de esos bares de corrientes, traía consigo la mística de la palabra. Ella, con sus ojos grandes y su pelo largo, una gran maestra contando sus historias, envolviéndome en el sismo. Me podría haber quedado hasta la mañana siguiente de no ser porque debía devolverme a lo que debía en ese momento.
Escucharla es un placer, una sensación de aire puro, fresco y verdadero. Traductora de ingles y enamorada de Vallejo, del joven Werther, de Saer, nos habla apasionada de quienes la han marcado. Comenzó aprendiéndose el Himno Nacional completo, si si, todas las estrofas y de memoria porque “me emocionaba lo épico”. Identificada con Jo de Mujercitas, la primer novela que leyó, hoy, con su doctorado en Letras y sus estudios en Dublín, luego de presentar su último libro “Entreveros” en el Centro Cultural de la Cooperación, nos habla de sus comienzos. Cómo fue creciendo su pasión por la literatura y la poesía, cómo escribió su primer poema, la manera en que vive su profesión.
Amante compulsiva de las letras, con la dulzura y la humildad de los grandes maestros, nos enseña con la palabra, la palabra misma.

M.L: Sos poeta, narradora, ensayista, profesora … ¿Cómo fue que te iniciaste en la literatura?
S.C: Quizá suene un poco a lugar común, pero así fue. Desde muy chica me aprendía de memoria, y por mi cuenta, los poemas que encontraba en los libros de la escuela, incluso el Himno Nacional completo, me emocionaba lo épico. Pero esos avatares neoclásico se fueron luego ante la llegada del romanticismo cuando a los diez años me regalaron Mujercitas, ni falta hace decir que me identifiqué con Jo, y poco empecé a escribir una novela. Por ese entonces, tenía la duda de si los personajes tenían que hablar de tú o de vos, pero más tarde, cuando en la escuela leí a Cortázar y a Borges, me fui dando cuenta del idioma de los argentinos, y también de cuánto me importaba el lugar al leer los nombres de calles que conocía en el Adán Buenosayres. El idioma y el lugar quedaron grabados como marcas que el tiempo se encargó de hacerme notar como fundamentales en la escritura. Por otra parte, estudiaba inglés, así que en la adolescencia leí a Oscar Wilde, a Joyce (ni sabía quién era), a Jane Austen, a Dickens, y varios más. También me aprendí poemas de memoria, Byron, Longfellow y el monólogo de Porcia de El Mercader de Venecia. Simultáneamente seguía con novelas, cuentos y poemas en castellano. Me fascinaban Garcilaso, Quevedo, Góngora, me emocionaba por entonces con Bécquer. Y aunque me había impuesto algo así como leer sólo en idioma original, no sucedió, por lo que me enamoré del joven Werther. Y empecé a escribir un diario, donde anotaba historias, observaciones, retazos de poemas. De esos tiempos rescato sobre todo la libertad que da la inocencia, y un modo de leer al que Barthes se había referido –cosa que me enteré mucho después- en El placer del texto. No empecé estudiando Letras sino Historia, quizá por ser fiel a mi primera decisión, pero enseguida me di cuenta de que lo que en verdad me gustaba era lo literario de la historia, sus ficciones reales. La carrera me proporcionó muchas lecturas que quizá no habría hecho, me dio también una profesión que me permite al menos el intento de transmitir el gusto por la lectura. Claro que con la carrera encima, de pronto uno siente el peso de cierta mirada hipercrítica hacia lo que escribe o intenta escribir. En cuanto al trabajo, a la falta de tiempo, creo que aunque uno tenga otra profesión igualmente está el problema, salvo que no necesite trabajar para mantenerse.

M.L: El primer poema que escribiste, ¿Lo recordás? ¿Qué sentiste?
S.C: Vagamente recuerdo algunos versos, era, digamos, bastante espiritual, con ciertas pretensiones de filosofar sobre el destino, me parece, y unas palabras que había ido recogiendo de mis lecturas poéticas, recuerdo que se trataba de alguien en soledad, alguien que esperaba “la caricia de la alfombra húmeda” (en ese tiempo me parecía una imagen adecuada para el mar), hablaba de la inmensidad inefable, y cosas así. Fue por la época en que en el colegio donde yo iba se había organizado un concurso literario y ahí recibí por mi engendro metafísico y sentimental un diploma y una rosa, como se ve, muy cursi mirado desde ahora. Entonces me parecía casi sublime.

M.L: ¿Qué significa para vos escribir Poesía? ¿Qué valor tiene la palabra en tus trabajos?
S.C: Encontrar una forma, primordialmente. De ahí que aborde géneros diferentes. Escribir poesía y prosa, escribir a secas, es encontrar o tratar de encontrar el modo de decir lo que íntimamente siento y pienso, es buscar sentido, es el intento de conformar en el lenguaje algo que sobreviene e insiste, es seguir un impulso y enfrentarse a un reto. Es dejar salir lo que busca su expresión. En cuanto al valor de la palabra, si es la materia prima de la escritura, como lo sería para un escultor, por ejemplo la piedra, no es ni más ni menos que primordial, sin ella no habría escritura. Y la palabra al ser materia, al conformarse en el texto esa sustancial presencia es centro de irradiación de significados, no es un medio por el cual decir algo, es algo que no podría decirse de otro modo sin que cambiara, no hay sinónimos en poesía. El tema se configura en el poema, inclusive puede pasar que haya una tendencia primera a referirse a una cuestión determinada y en el transcurrir de la escritura, vaya tomando otros caminos, lleve a otras zonas de la significación, algo quizá comparable con esa idea de que en una narración los personajes empiezan a actuar como por cuenta propia. Como en el proceso de escribir intervienen tanto la conciencia como lo inconsciente, ¿qué tema prefijado podría dictaminarse cuando hace su irrupción algo que está ahí, buscando abrirse camino para llegar, siquiera someramente, a constituirse en palabra? Por tanto creo que mi preocupación es lograr que el poema tienda (no sé si lo logra o no, pero es lo que exijo, el punto irreductible) a conjugar en una forma artística un máximo de potencia expresiva a partir de la combinatoria más ajustada posible de sus constituyentes, o sea, el ritmo, la disposición en la página, la sintaxis del poema, su desafío a las restricciones de la gramática. Esa potencia expresiva en el intento de que la palabra despliegue toda su fuerza es mi preocupación estética fundamental.


M.L: ¿Cómo es tu proceso escritural? ¿Cómo llegás al poema?

S.C: De modos diversos. A veces aparece una frase, la anoto, porque veo en ella como un germen que puede crecer. En otros casos, hay una necesidad de registrar algo a partir de lo que estoy leyendo y me llama la atención, como una sugerencia que bien puede transformarse luego en motivo o cita, desencadenar tal vez un relato o un poema. En algunas ocasiones, surge algo así como un texto extenso, medio torrentoso, a veces demasiado, igualmente lo escribo. En todos los casos es como el punto inicial para la elaboración posterior. A veces se piensa que un acontecimiento conmocionante en la vida del sujeto empírico que escribe, hace que brote un poema relacionado con eso, bueno, creo que no es precisamente lo que me sucede, en todo caso, puede estar el registro del hecho, pero difícilmente quede ahí, quizá porque piense que falta, me falta, una cierta distancia para la elaboración que la inmediatez del hecho estaría impidiendo. Lo importante es dejar la impresión, como quien dice, la huella escrita que sirva de potencia reminiscente. Y esa potencia permite el acto de la escritura.

M.L: ¿Qué poetas, escritores, artistas, poesías o experiencias han marcado tu vida poética?
S.C: Puedo nombrar varios, empezando por los barrocos, podría nombrar a Federico García Lorca, Miguel Hernández, José Martí, Pablo Neruda, James Joyce, William Faulkner, Juan Rulfo, Francisco Urondo, Juan Gelman, Leónidas Lamborghini, José Lezama Lima, un conjunto vario, como se ve, con el común rasgo de la cualidad poética. Pero hay dos que son fundamentales: César Vallejo y Juan José Saer. En cuanto a las experiencias, aquellas que tienen que ver con momentos de amor y dolor, no simplemente pensados en un sentido individual, sino en el mundo que me ha tocado habitar, por eso no podría dejar de estar en la escritura –más velada o explícitamente- todo aquello que como seres humanos nos atañe, aunque casi resulte obvio nombrarlo, la muerte, la vida, el mundo, la política, la historia, las dichas y padecimientos personales y colectivos. Sin embargo no tan obvio si se piensa en propuestas que se desligan de su contexto, o bien, lo frivolizan. Cuando la palabra toca, en sentido musical, suena, es porque en ella hay algo vinculante que involucra los sentimientos y la razón, tendiendo a la palabra plena, esa es la búsqueda, la de los escritores y artistas que admiro, y es lo que trato de plasmar desde mis experiencias.

M.L: Octavio Paz en su libro El arco y la lira se pregunta si la poesía puede tener como objeto propio más que la creación de poemas, la de instantes poéticos. ¿Cuáles son para vos esos instantes poéticos en tu poesía?
S.C: Creo que un texto que se quedara en una especie de juego de procedimientos, quizá sería atractivo; que un texto de tipo catártico, como para desahogar penas, tal vez serviría a ese fin; que un texto que no sea sino una ristra de impresiones, en lenguaje más o menos burdo, grosero o sublime, como sea, un texto que se limite a registrar alguna cosa irrelevante o anecdótica, tal vez reciba el nombre de poema, y hasta puede que así sea celebrados, ahora, ¿dónde estaría ahí eso profundo que hace pensar en que la poesía existe para producir algún tipo de sensibilidad o conmoción ante los encantos y horrores del mundo, ante el semejante, ante sí mismo, o algún conocimiento, del tipo que sea, el atisbo de un saber, lo que el instante poético revelaría epifánicamente. Ese instante, creo que lo podría pensar en mis poemas, como el breve momento en que, si lo logro, la poesía se deja ver en la fugacidad.

M.L: De tu obra, si tuvieses que elegir un poema o fragmento… ¿Cuál sería?
S.C: No es fácil elegir un poema o fragmento, y creo que por más de un motivo, quizá porque uno quiere mucho a sus invenciones, quizá porque a alguna la quiera dejar un poco entre paréntesis. Sin embargo, hecha esta salvedad, nombro uno: el poema “Niebla sobre la luna esmaltada” de Eclipse.

M.L: Acabás de presentar tu último libro en el Centro Cultural de la Cooperación, “Entrevero” de la editorial Sigamos enamoradas ¿Qué sentís cada vez que publicas un libro? ¿Cuáles son las sensaciones que te provoca la exposición, la llegada a otras personas?
S.C: Hay una mezcla rara y contradictoria de sentires y pareceres. Alegría por haber podido concretar un libro, por una parte, en el otro extremo la idea de que es un espanto que no debí haber publicado, y todas las variantes intermedias. Y eso claro tiene que ver con lo que uno se propone hacer, lo que le propone a los demás, la lectura como una especie de diálogo infinito. La exposición asusta, pero no podría quedarme ya encerrada en una vitrina, en una falsa tranquilidad, mirando pasar la historia, las palabras. Creo que cuando se toma la palabra se asume un riesgo, y que vale la pena.

M.L:¿Qué pensás de la recepción que tiene la poesía en argentina? ¿Y de los ciclos de lectura oral?
S.C: Si hablamos de recepción de la poesía, tenemos que pensar en un nivel de circulación general y continuo que se daría sólo con algunos clásicos o autores populares, y hasta ahí. Si pensamos en quienes leen y escriben, creo que la recepción está fragmentada, y esto hace a una especie de autoalimentación de grupos. La lectura es indispensable para la escritura, es como la otra cara inseparable de la moneda, en ese aspecto, creo que falta un conocimiento de la tradición, que es imprescindible leer para ver de qué modo la palabra poética fue plasmándose en la historia, en las poéticas diversas. Tenemos grandes poetas, son como referencias, no para imitar, sino para recibir como alimento, y cuanto mayor conocimiento, más se enriquece la recepción de las diversas líneas que coexisten en un momento determinado, por ejemplo en la contemporaneidad, el momento me parece más difícil porque no hay sobre él algo así como el espesor de lecturas. En cuanto a los ciclos de lectura oral me gustan cuando la protagonista es la poesía y es ella quien se ve. No me gustan cuando parecen maratones de lectura o carrera de postas ni cuando más bien son eventos sociales donde la poesía es una especie de excusa o complemento.

M.L: ¿Qué libros nunca has podido terminar de leer?
S.C: Los que al ir pasando las páginas esperando que surja la palabra poética (en poesía o prosa), se empeñan en la banalidad, el lugar común, lo superficial, la escritura deficiente por tosca o pretenciosamente hueca.

ML: ¿Hay para vos algún libro olvidado en la poesía argentina?
S.C: Me dan cierto temor las hipérboles, y creo que a esta pregunta habría que responder con una. Tal vez no sea un solo gran libro olvidado, quizá más. Por otra parte, quizá no haya una sola forma de olvido, que esté registrado y se nombre un libro, no hace a que esté verdaderamente presente. Preferiría más bien andar por los caminos de la literatura y encontrar buscando.

ML: ¿Qué palabras le dirías a alguien que está comenzando en esto de la poesía, alguien que quiere ser poeta?
SC: Que lea mucho, que haga ese camino de aprendizaje que no se enseña sino que se aprende, que se juegue por su palabra porque esa palabra se lo merece, que no se deje arrastrar por modas, que encuentre su forma sin dejar nunca de buscar.

ML: ¿Cuáles son las cosas que disfrutas hacer, en lo cotidiano?
SC: Desde luego, aparte de leer y escribir, me gusta mucho tener momentos de calma, una cena tranquila, reunirme con alguien para charlar, ver televisión, en especial películas, me gusta caminar por la ciudad, mirarla, también otras cosas como lavar platos, regar plantas, ordenar placares o bibliotecas.

ML: Y por último … Un lugar/ década/ poeta que te hubiera gustado ser.
SC: Podría fantasear aquí con deseos diversos, con momentos de la historia que me atraen, con lugares. He dado muchas vueltas a esta pregunta y acudieron a mi mente algunos ámbitos, tiempos remotos o cercanos, escritores varios. Vuelta y vuelta y sin definir la cosa. Porque al cabo me encuentro que sólo puedo decir que cada quien es quien es o fue, que tuvo o tiene su época y lugar. Y que según yo imagino a alguien que me habría gustado ser, allá lejos, más cerca –en el tiempo y el espacio- es otro, o sea no es yo, ni podría nunca ser. Por eso a esos admirados y que por tanto habría querido ser, prefiero preservarlos como criaturas que habitan mi imaginación. Soy lo que soy incluidos mis sueños de haber sido otro (o como otro) y de haber vivido en otros años o sitios. Sueños entonces, míos, pero siempre acá, en este acá, mi ciudad, Buenos Aires, mi salto de siglo, mi pasado, lo que tengo e intento tener.




SUSANA CELLA.
(Buenos Aires, 1954). Autora de los libros de poemas Entrevero (Sigamos Enamoradas, 2008) , Tirante (Paradiso, 2001), Río de la Plata (La Bohemia, 2001), Eclipse (Zorra Poesía, 2005) y De Amor (dientes, paredes arrugadas) (Zorra Poesía, 2006); las novelas El Inglés (Paradiso, 2000) y Presagio (Santiago Arcos, 2007), el ensayo El saber poético (Fac. de Filosofía y Letras UBA/ Nueva Generación, 2003), entre otros. Publicó poemas y ensayos en revistas, capítulos de libros, antologías o ediciones en Argentina, Chile, Cuba, España, Estados Unidos, Francia, México y Uruguay. Traduce literatura en lengua inglesa. Fue becaria de la Universidad de Buenos Aires (1990-1998), y obtuvo la beca de ILE (Ireland Literature Exchange), Dublin, 2007. Colabora en revistas y periódicos. Es doctora en Letras por la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, donde trabaja como profesora e investigadora. Coordina el Espacio Literario Juan L. Ortiz del Centro Cultural de la Cooperación.

domingo, 2 de noviembre de 2008

Armando Roa Vial: El apocalipsis de las palabras





*Por Marian Lutzky

Del otro lado de la cordillera, en Santiago, nace Armando Roa Vial en 1966.
Es uno de esos poetas que al leerlos sentimos su inmortalidad, el deseo de que perdure su magia a través del tiempo. Su poesía se escucha, como un impromptu apasionado de Chopin, una sonata patética de Beethoven o un claro de luna donde la muerte es claustrofobia y la vida y la incógnita hacen florecer a la primavera desde el lenguaje y la música de las palabras. Armando es, sin dudas, un hacedor multifacético. Intérprete de cello y abogado penalista, su búsqueda poética se acerca a la vida y a la muerte y a la enfermedad. Influenciado por un padre Psiquiatra, puede escribir la terrible procesión de una receta médica, en unos poemas titulados entre otros "Acedia: ravotril o.5 mm.”, “Hipocondriasis i: tegretal 1 mm . Hacer las palabras un grito, una música que no se agota en el sonido, revelando un sentimiento en sí donde la palabra es símbolo y es evocación.

El poeta y narrador, compositor, políglota, trasgresor de las barreras artificiosas entre los géneros, investigador, ensayista, trasgresor del tiempo y espacio, nos demuestra que se está vivo, que el escritor crece en su obra, nos revuelve las letras y nos intima en preguntas. Nos deja en el ensimismamiento de la poesía que nos hace sentir, vivenciar. Recibimos esa pulsión de vida y de muerte a través de su palabra.

El poeta entonces, vive. Escuchémoslo nosotros

En alguna entrevista has contado que de niño tomaste el té con Borges… Contanos de ese encuentro ¿Cómo influyó en vos?
Sí, así es, aunque no era tan niño. Tenía 16 años y lo visitamos junto a mis padres y mi hermana, gracias al contacto de un librero de Buenos Aires. Lo llamamos por teléfono y nos invitó a tomar té a su departamento. Así de sencillo, sin pasar por intermediarios o secretarias. Fue un encuentro imborrable. La simpatía, la modestia y la cultura de Borges matizaron una conversación muy entretenida sobre sus sueños, esperanzas y temores y de cómo éstos se veían reflejados en su obra. El momento más especial se produjo cuando nos recitó el “Padrenuestro” en anglosajón, donde la aspereza del inglés antiguo y la guturalidad de la voz de Borges se conjugaron en un efecto sonoro muy potente, que nunca olvido. Borges ha sido para mí siempre un autor de cabecera: su mayor influencia en mí ha sido el descubrir la dimensión creativa de la escritura como un acto de lectura, operaciones gemelas e indisociables, y también la noción de la obra literaria como texto abierto, inacabado, susceptible de infinitas reelaboraciones o reescrituras.


¿Cómo empezaste a escribir? ¿Qué sentiste cuando escribiste tu primer poema?
Empecé a escribir estimulado por la literatura fantástica y de aventuras, por el placer de libros como “La Isla del Tesoro” o las “Aventuras de Arthur Gordon Pym”. La poesía me comenzó a interesar en la adolescencia, ya que pensé que en ella se podía fundir el arte de la palabra con otra gran pasión: la música. No recuerdo lo qué sentí al escribir mi primer poema, aunque sí la alegría al leer el primero verso de un poeta que me gustó: “A thing of beauty is joy a forever”, “algo bello es un goce eterno”, de John Keats. Fue una emoción tremenda, muy teñida de nostalgia.

Aristóteles decía que “nada hay en común, excepto la métrica, entre Homero y Empédocles; y por esto con justicia se llama poeta al primero y fisiólogo al segundo” ¿Qué es lo que hace que un poeta sea un poeta?
Lo que hace un poeta sea poeta lo dijo, de manera casi insuperable, un poeta que desconfiaba de los poetas. Se llamaba Edward Cummings: “el poeta es un hombre que es capaz de dar su vida por salvar la arquitectura de un rayo de sol”.


Sos una persona versátil, además de traducir el Beowulf, de ser ensayista, narrador, poeta, sos intérprete de cello. ¿Cómo se relaciona la música con tu literatura?
La música siempre ha ocupado una dimensión fundamental en mi escritura. En el caso de la poesía, probablemente la forma de verso que más me ha influido es el verso aliterado, donde ritmo y sonido se funden. La palabra es una forma de hacer audible al mundo; comparte con la música la presencia de sonoridades y tesituras , de un tejidos y un pulso; pero a diferencia de la música posee la virtud de la referencialidad, de tener una residencia en realidades tangibles y no agotarse en lo puramente sonoro.

Yo creo que hay poesías sin poemas; un paisaje, una sensación, una persona, pueden ser poéticos ¿Qué instantes poéticos te deleitan?
Así es, la poesía en ningún caso queda confinada al poema; puede ser perfectamente un territorio sin mapas verbales. No sé cuáles pueden ser los instantes más poéticos, precisamente porque lo poético, al menos para mí, está en la sorpresa, en el asombro ante el despertar de algo que nunca termina de despertar, que irrumpe con la fuerza de lo inédito allí donde nada parecía inédito, y que nos interpela con una mezcla de pudor y coquetería, mostrándose y escondiéndose, acercándose y alejándose.

Tu padre, Psiquiatra, vos, te has recibido abogado penalista, ¿Cómo influye tu padre y tu carrera en tu poética?
Mi padre me influyó muchísimo. Tenía una biblioteca monumental y era un lector muy voraz, no sólo en su área, sino también en historia, filosofía y literatura. Fue él quien me mostró a poetas como Keats, Whitman, Eliot o Pound. Además, era un humanista ejemplar, que vivió siempre como una persona cabal, muy leal a sus convicciones y sus afectos. La profesión de abogado me ha ayudado para algo muy saludable: mantenerme fuera de las “academias literarias” y, en general, de tantos poderes fácticos que medran en los ambientes intelectuales buscando domesticar la creación en nombre de tal o cual canon, dogma o consigna.

¿Cuáles son las preocupaciones en tu escritura?
Me interesa el problema de la referencialidad del lenguaje, del poder o la impotencia de la palabra ante aquello que nombra, una poesía sobre las posibilidades de la poesía. Al mismo tiempo me apasiona el tema del poema abierto, susceptible de infinitas mutaciones, y es ahí donde entra el tema de la traducción, la reescritura y todas las formas de intertextualidad, borrando la barrera entre el lector y el escritor, poniendo entre paréntesis la noción de autoría.

Celan dice “Sólo manos verdaderas escriben verdaderos poemas”; ¿Quién para vos es un verdadero poeta, con todas las letras?
Lo de Celan es muy lindo y creo que él mismo fue un ejemplo de poeta verdadero, es decir, insobornable, escribiendo porque sentía una necesidad fatal e impostergable de hacerlo, jugándose la vida en ello.

Hay unos versos tuyos que me enloquecen el pensamiento: "El silencio, después de todo, es una liberación solitaria. Quemados los nombres, desbautizadas las cosas: el apocalipsis de las palabras." ¿Qué lugar ocupa la palabra en tu poesía? ¿Qué significa para vos?
Mira, esos versos juegan con varios poemas de Celan y apuntan a una obsesión que cruza toda mi poesía: la posibilidad de un lenguaje verbal que se abisma en el silencio para buscar nuevas zonas de significado. El silencio no lo veo como ausencia; es más bien el espacio que se abre entre la palabra y la cosa designada por la palabra, ese hiato intermedio que es el territorio seminal donde se fragua la referencialidad del lenguaje. El poema es entonces una tentativa de espeleología, un desplazarse no ya en la superficie del significado sino en su madriguera, su sótano

En tu último libro “Los hipocondríacos no se mueren de miedo” y en otros anteriores como “Zarabanda de la muerte oscura”, hay un tema recurrente que es la enfermedad y la muerte… ¿Qué papel cumple en tu poesía la muerte? ¿Qué es para vos, morir en tu poesía?
Sí, la muerte y enfermedad me acompañan siempre. Vivimos en una época donde la muerte y, en general, los signos de fragilidad física, son escondidos, disfrazados o maquillados. Y yo apuesto a lo contrario: a la salubridad de la enfermedad, que nos ayuda a sentirnos vivos. Estar enfermo es, etimológicamente, no estar firme, lo cual es una metáfora que se puede trasladar al lenguaje, que jamás está asentado, que siempre está luchando por tomar forma y no desaparecer. En mi poesía la muerte es eso: un saberse no instalado, ni siquiera en el poema mismo, el que va deshaciéndose una y otra vez en muchas voces que se buscan unas a otras. .

¿Te arrepentis de algo que hayas publicado?
Estoy siempre arrepentido. El poema pide arrepentimiento para que podamos volver una y otra vez sobre él.


¿Cuál es el poema que más te ha marcado en tu escritura, aquel al que le tengas un aprecio especial?
Creo que el poema “A la palabra Sótano”, porque prefigura todo lo que viene después.

¿Quién o quienes son infaltables en tu mesita de luz?
Probablemente al autor que más leo y releo es Ezra Pound. Le debo casi todo. Siempre lo llevo conmigo porque la emoción que me embarga al leerlo nunca pierde intensidad.

¿Algún consejo para alguien que quiera ser poeta?
Que lea muchísimo; un buen lector es ya un buen poeta. Si la tentación de escribir lo doblega, que lo haga, con sangre sudor y lágrimas, sin apuros ni complacencias. Que no se deje seducir por nada que no nazca de una convicción profunda, firmemente sentida. Que deje a un lado las pirotecnias de los cánones y los dogmas. Que desconfíe de los mandarines de la academia y de la prensa como también de los pandillajes literarios. Y lo más importante: que sea una persona buena, generosa, íntegra. No hay mayor sensibilidad ni mejor inteligencia que la bondad.


Y por último… ¿Qué te provoca la poesía?
La alegría de volver al asombro de la niñez.

Algunos poemas:


De la palabra sótano



De tanto jugar con el lenguaje
olvidé cerrar la puerta de la palabra sótano
y la noche se desbarrancó escaleras abajo
entre paredes que se ajaban en silencio
y estertores de relojes
y baúles polvorientos
y un vago tumulto de pensamientos muertos.
Todo se volvió subterráneo
hasta perder sus raíces en medio de la oscuridad.
Y entonces sentí que algo se despeñaba
en la profundidad devoradora de mi boca
hasta convertirse en forma sombría,
en opresión de tierra
y en proximidad de huesos.



DE LA CITA VIII


Ese Apocalipsis
de las palabras
-tanto labio depuesto en boca del silencio-
celebrando
la pubertad de la muerte
-muerte en celo,
expresión tomada al pie de una frase
que no puede sostenerse a solas:
soy el que soy porque nadie soy.